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Pedir la voluntad o un precio fijo

A medida que internet ofrece más servicios y la tecnología va acaparando parcelas que antes no ocupaba, el sistema de cobros y servicios va retorciéndose hasta que muchos no saben si están cobrando de la manera correcta (periódicos online), otros no saben como cobrar (twitter.com) y otros se enfadan por la forma que tienen los demás de obtener beneficios (itunes y spotify, por ejempolo).

Pero esto no pasa sólo en el mundo on-line, en el mundo off-line también sucede.

El otro día en la radio contaban que en una algunos restaurante de Buenos Aires (creo, o era Madrid…da igual) habían empezado a dejar que el cliente decidiera cuanto quería pagar por su comida. Tu pagas la bebida y para la comida dabas lo que creías correcto. Y la cuestión es que funcionaba. De otra manera, pero funcionaba.

Me acordé de la anécdota este jueves 19 de marzo ( día de Padre) ya que en lugar de hacer la típica comida decidimos pasar el día con unos bocatas por ahí (Altea y Guadalest). Más barato y entretenido.

En  Guadalest, aparte de lo bonito que es ver el pantano desde arriba en un día soleado, poca cosa más puedes hacer: ver los museos de miniaturas, subir al castillo o entrar gratis a una casa con los utensilios que utilizaban en la zona para sus labores del campo.

Por una parte, entrar al museo de miniaturas costaba 4 euros por persona. La gente se asomaba, veía el precio y se echaba para atras. Alguno entraba, si, pero eran los menos. (Ibamos 2 adultos y un niño: 4+4+2, pues 10 eurillos).

Sin embargo, la “casa museo” era gratis, dando la voluntad al salir (1euro, 5..lo que sea). Al fina podías pagar 2 euros por ver armas antiguas o algo así, pero era opcional. Técnica Freemium

En el tiempo que estuve observando los negocios, por cada 20 que entraban a ver la casa museo “gratis”, una persona entraba al museo de miniaturas. Dentro de la casa museo (si, entre al museo), calculé que en 10 minutos pasamos unos 5-6 grupos de unas 3-5 personas.

Dejando de media 2 euros cada grupo, no hace falta ser un lince para saber quién mueve más dinerito.

No tengo acceso a  sus cuentas, pero en este caso, “la voluntad” parece que da más dinero que cobrar.

La cuestión está en: ¿cual funciona mejor en tiempos en que la balanza se mueve hacia una limitación del gasto?

ACTUALIZACIÓN:
Un restaurante de Barcelona deja a los clientes pagar la voluntad. Reciben un sobre al término de la comida y abonan lo que consideran justo

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